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¿Honrando la iglesia, o mancillándola?

Palabra del día: Proverbios 26: 20 a 28. Leemos: “Sin leña se apaga el fuego; y donde no hay chismoso, cesa la contienda. El carbón para brasas, y la leña para el fuego; y el hombre rencilloso para encender contienda. Las palabras del chismoso parecen blandas; mas ellas entran hasta lo secreto del vientre.

Como escoria de plata echada sobre el tiesto, son los labios enardecidos y el corazón malo. El que odia disimula con sus labios; mas en su interior maquina engaño. Cuando hablare amigablemente, no le creas; porque siete abominaciones hay en su corazón. Aunque su odio se encubre en el desierto; su malicia será descubierta en la congregación. El que cavare sima, caerá en ella; y el que revuelva la piedra, a él volverá. La falsa lengua aborrece al que atormenta; y la boca lisonjera hace resbaladero”.


Palabra que me enseña:

Uno de los rasgos singulares de la iglesia es la diversidad de su gente. Muchos rangos o clases sociales y culturas conforman la iglesia, la Novia de nuestro Señor Jesucristo. Sus características son tan variadas y disímiles que los cristianos manifestarán diferencia de opinión. Y esto no es problema, siempre y cuando no conduzca a críticas dañinas y perjudiciales (satisfacer el ego, el “yo”). Pero cuando esto es así se llegan a sembrar semillas de discordia y de insatisfacción. El cuerpo de Cristo es Su iglesia; por lo tanto, por nada del mundo debo yo ser tal clase de sembrador. Mi devoción de vida es el Señor Jesucristo, mi maestro, mi dueño, mi amo, mi Salvador. Estos nombres son algo así como distinciones de relevancia superior hacia el Señor. Son condecoraciones espirituales a las que debo amar, temer, respetar y cuidar. En la congregación funciona así: me gustan los mensajes de mi pastor Ricardo y los encuentro benéficos; pero un amigo mío no los encuentra suficientemente prácticos. Éste me llama y me habla negativamente del pastor Ricardo. O tal vez estoy tratando de ayudar a alguien a través de un tiempo difícil que está sobrellevando; y  todo va bien hasta que alguien sugiere que la persona a la que estoy ayudando está simplemente tratando de conseguir todo lo que pueda de mí; y que no apreciará lo que estoy haciendo por ella. En ambos casos, una crítica innecesaria generará en la mente de cualquier persona afectada un problema que antes no existía.


Aplicación:

Es cierto que los pastores tienen también sus puntos “flacos” y que algunos se aprovechan de la bondad de otros. Pero esto no me da derecho a esparcir (dispersar) críticas infundadas. Si una persona hace algo que me molesta y no puedo pasarlo por alto, tengo que ir a la persona e intentar afectuosamente resolver el problema. De otro modo, los sentimientos negativos podrán crear en mí una condición crítica que podría suscitar una condición crítica en la iglesia y que organizará pendencia.


Pensamiento:

Es mejor que te muerdas la lengua que permitir que muerda ella a alguien.

Dios te bendiga. Pastor, Ricardo Iribarren.


(Tipeo del original, corrección ortográfica y diagramación de hoja: Miguel Angel Vreska)


Edición y Montaje por Nicolas Benjamin Gonzalez
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