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¿Me amas?

Juan 21: 15-17

Lectura adicional 1Corintios 13

El Señor no dijo: Simón, hijo de Jonás, ¿me temes? No dijo a Simón: ¿Me admiras? ¿Eres tú quién tan sólo me adoras?
Ni siquiera era una pregunta con respecto a su fe. El no dijo: Simón, hijo de Jonás, ¿tú crees en mí?
El hizo otra pregunta: «¿ME AMAS?»

A mi entender, eso es porque el amor es la prueba mejor de la piedad.

El amor es la más brillante de las gracias, y por lo tanto se convierte en la mejor evidencia.

Yo no creo que el amor sea superior a la fe: pues la fe es la base de nuestra salvación (considere Hebreos 11:6; Romanos 5:1-2; 10:9-10; Gálatas 3:26; 5:6; Juan 8:24; Marcos 16:16; Efesios 2:8; Hebreos 10:38-39).

Creo que la fe es la madre de la gracia, y el amor brota de ella: no como sentimientos, sino que el amor brotando es voluntad.

Creo que la fe es la raíz de la gracia, y que el amor crece a partir de ella, destilando olor fragante (de Cristo).

Pero, entonces, la fe no es una prueba para el brillo, como lo es el amor.

La fe, si la tenemos, es un signo seguro y cierto de que somos hijos de Dios; y así sucede con todas las demás gracias: de impacto certero y seguro. Pero muchas de ellas no se ven como las demás gracias. A decir verdad, no podemos ver la esperanza; pero sí la hermosura de la santidad. El amor es el brillante más destacado con relación a  cualquiera otra gracia.

Si tengo un verdadero temor de Dios en mi corazón: yo soy un hijo de Dios. Pero puesto que el miedo es una gracia (considere Hechos 5: 1-11) -una gracia que es oscura, triste y carece de ese halo de gloria sobre ella que el amor da-, el amor se convierte en una de las evidencias mayores y en uno de los signos más fáciles para discernir si estamos vivos para el Salvador (o aún practica usted sus delitos y pecados).

El que carece de amor, debe carecer también de todas las demás gracias en la misma proporción que su carencia de amor (fe, esperanza, benignidad, misericordia, dominio propio, etc.) - medite en Santiago, Capítulo 3.

Si el amor es poco, yo creo que es un signo de que la fe es pequeña; porque si usted se supone que ama, usted se maneja con honestidad, pureza; usted es amable, de buen nombre (considere Filipenses 4:8).

Si el amor es poco, el miedo para andar en el mal será poco; el temor será poco para obedecer los mandamientos de Dios; la esperanza será poca, porque su interés en que el Señor ya venga menoscaba su importancia. Si la mansedumbre es poca, puede entonces uno llegar a obrar con altanería, orgullo y engreimiento; y asimismo, el valor hacia Dios será muy escaso o nulo.

Los mandamientos de Dios pueden ser digeridos (alimento) y se resumen en una palabra: AMOR (considere Mateo 22: 36-40, 13:8 y Romanos 10).

(Pedro, ¿me amas?... Ahora, aquí pon tu nombre ……….., ¿me amas?)

Dios bendiga tu vida ricamente. Pastor Ricardo Iribarren.

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