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Nuestras Órdenes De Marcha

Nuestras Órdenes De Marcha

Cita bíblica: leemos en Éxodo 14.15:Entonces Jehová dijo á Moisés: ¿Por qué clamas á mí? Di á los hijos de Israel que marchen”.

Interpretando, sería: ¿¡Por qué te detienes!? ¡Continúa!… Hoy deseo traerles Palabra de Dios a todos vosotros, Iglesia, que nos movilice nuevamente. La urgencia que le impuso Dios a Moisés era un llamado a marchar confiadamente sin desmayar. Creo, personalmente, que una manada pequeña de iglesias bíblicas ha sido instruida y animada en el conocimiento de la Biblia. Es que el fortalecimiento les inspira tranquilidad, porque todos — y acá también por las experiencias que obtenemos  en nuestro andar cristiano — conocemos en verdad las órdenes de marcha. Desde el día cuando salieron las órdenes de confirmación y de marchar (andar), estas son para aquellos, hombre y mujer, que deseen ingresar al reino de Dios. Veamos algunas de esas órdenes. Leemos en Juan 1.12: “Mas á todos los que le recibieron, dióles (1) potestad (2) de ser hechos hijos de Dios, á los que creen en su nombre…” [Por así decirlo, este versículo del Apóstol Juan se escribió como si hubiese sido asentado en un y para un libro de Actas: el cual, en este caso, es el Santo Evangelio del Señor Jesús]. Otra encomendación la encontramos en el mismo Evangelio de San Juan, en  3.21: “Mas el que obra verdad, viene á la luz, para que sus obras (3) sean manifestadas (4) que son hechas en Dios”. Hay más órdenes, ciertamente, pero para no extendernos demasiado nos quedamos con estas dos. Ahora bien, estas dos referencias se pueden emparentan, específicamente, al hecho de lo sucedido con los israelitas que, bajo el mando de su guiador Moisés, marcharon teniendo ya sus órdenes, sin detenerse. Hoy los cristianos marchamos, pues, porque estamos bajo el mando de nuestro Señor Jesucristo, siendo guiados por el Espíritu Santo de Dios; lo que nos convierte en hacedores (5), andando y practicando legítimamente la verdad, sin detenernos (6). Entonces, veamos algunos aspectos que considero tener muy en cuenta para estos tiempos de tantos naufragios espirituales.
A) A quienes el Señor Jesús reconoce que son los verdaderos adoradores (7), que adoran al Padre en carácter de ser auténticos: Pues las Escrituras nos dicen que los adoradores deben serlo bajo dos condiciones u aspectos: de Espíritu y de Verdad. (Juan 4.23; Efesios 2.18, 5.18-19).
Estos marchantes no están desfilando ante el mundo ni recibiendo vítores en su camino. Ellos (también nosotros como ellos) son adoradores que adoran al Padre de nuestro Señor Jesucristo [quien es también nuestro Padre, pues lo dijo Jesús (veamos Juan 20.17)]. Este requisito es muy importante. No lo olvidemos jamás. ¿Por qué? Porque adoran de manera espiritual. ¿Qué quiere decir esto? Que lo hacen (hacemos) en temor y obediencia a sus mandamientos; y estos atributos reflejan en nuestras vidas las conductas nuestras — como el Apóstol Pablo menciona en la Epístola a los Romanos, en  12.1-13. Leemos: “ASI que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable á Dios, que es vuestro racional culto. Y no os conforméis á este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Digo pues por la gracia que me es dada, á cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con templanza, conforme á la medida de la fe que Dios repartió á cada uno. Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, empero todos los miembros no tienen la misma operación; Así muchos somos un cuerpo en Cristo, mas todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme á la medida de la fe; si ministerio, en servir; ó el que enseña, en doctrina; El que exhorta, en exhortar; el que reparte, hágalo en simplicidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría. El amor sea sin fingimiento: aborreciendo lo malo, llegándoos á lo bueno; Amándoos los unos á los otros con caridad fraternal; previniéndoos con honra los unos á los otros; En el cuidado no perezosos; ardientes en espíritu; sirviendo al Señor; Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; Comunicando á las necesidades de los santos; siguiendo la hospitalidad”.
Es decir, para predicar, servir, presidir, enseñar, repartir, hacer misericordia, ser fervientes en espíritu, amar sin fingimiento, aborreciendo lo malo, siguiendo lo que es bueno, teniendo desinteresado amor fraternal; que por las misericordias de Dios presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo agradable a Dios; pagar los impuestos, no adulterando las declaraciones de impuestos, pagar los tributos (8); compartiendo para las necesidades de los santos (Recomiendo la lectura de Romanos  capítulos 12, 13 y 14), que es vuestro culto racional. De manera  que, según la gracia que no es dada (reflexione en Gálatas, Capítulo 1), estas conductas que están aplicadas a nuestras órdenes de marcha se hallan  vestidas de aquellos frutos del Espíritu, (9) los cuales nos servirán, además, para usarlos a manera de armadura de Dios: por lo que se describe en la Epístola a los Hebreos, en el capítulo 10, versículos 19, 22: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el santuario por la sangre de Jesucristo… Lleguémonos con corazón verdadero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua limpia” (10). ¿Notó?... teniendo  libertad para poder entrar a ese Sagrado Lugar. ¡Gloria a Dios! ¡Aleluya!
Otra característica de la armadura es que posee el escudo de la fe (11). Y para poder usar este escudo tenemos en las instrucciones, bien precisas, un beneficio especial, extraordinario, sin precedentes en la antigua Alianza, dada ahora para esta época de la Gracia. Veamos en el capítulo 11.1, 6, del mismo libro (Hebreos) y autor, puesto que allí tenemos los ejemplos de cómo utilizar eficazmente esta parte de la Armadura de Dios, el escudo, para alcanzar la mejor efectividad en Nuestras Órdenes de Marcha.
Pero hay algunos desorientados que se olvidan de tomar el escudo y llevarlo consigo. ¡No es para dejarlo colgado como charango en el ropero! ¡No! No es un adorno para olvidarlo en la pared de los recuerdos, y cuando lo necesitan… ¿En dónde está? ¿En dónde lo guarde?... y así andan algunos hermanos.
Nuestras Órdenes de Marcha infiere también que en obediencia a las mismas es menester no detenerse en nuestro andar diario. Ninguna distracción por pequeña que fuere debe ser motivo de detención. Si así pasare, podríamos demorarnos y perder el sentido de avance hacia ese reino de los cielos donde Dios está en medio de él (Salmo  46.5). Esto nos da la seguridad de que marchamos confiadamente, porque el Señor Jehová de los ejércitos está con nosotros. Él hace de refugio para sus huestes, en donde podemos sentirnos seguros. Así dice en el Salmo 46, versículo 11… «Jehová de los ejércitos es con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob. (Selah.)». Porque este Dios nuestro nos guiará más allá de la muerte (Salmo 48.11). Él ha dicho y no cambiara de  opinión. No se retractará quien dijo…«Juntadme mis santos; Los que hicieron conmigo pacto con sacrificio» (Salmo 50.5). Acá entramos nosotros, los salvos, porque nuestro pacto es por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien fue hecho sacrificio por nosotros. ¡Vamos, vamos hacia adelante como adalides, siendo parte de la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos! Hermanos y hermanas, nosotros no somos como los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma (Hebreos 10.39). Es por ello que es necesario mantenernos firmes en nuestro propósito de marchar sin fluctuar [una alegoría: en la Bolsa de Comercio se cotizan acciones, monedas, bonos, fondos comunes y otros rubros: cuando la tasa de rendimiento de tal inversión está en alza se recibe buen dividendo, pero cuando su cotización está en baja, siendo su rentabilidad nula o generadora de pérdida, esto puede arrastrar a muchos a la quiebra, sin posibilidad alguna de recuperarse. ¡Lo deja a uno, en muchos casos, en la bancarrota total! ¿Cuántos se han quitado la vida ante tanta estas debacles financiera, plenas de incertidumbre? Este es un lugar donde trafican con la sangre y el sudor de los hombres, donde se apoderan por medio del engaño o por la fuerza militar, y aun con la aplicación de leyes injustas; humillando así a los más débiles. Se apoderan sin escrúpulos de los bienes o riquezas de personas, y aun de países, como así también de las mismas personas en estado casi de esclavitud. Hay una película, Diamantes Sangrientos, que narra la historia real de estos sufrimientos. ¡Pobres almas!]. Sucede que la profesión de nuestra esperanza no da lugar a tales cuestiones. No convienen… ¡Pues debemos y queremos seguir marchando! Y esto nos da estímulo para continuar marchando. Otro aspecto de la armadura que nuestro Dios nos ha otorgado es la solemne advertencia… «No dejando nuestra congregación, como algunos tienen por costumbre» (Hebreos 10:25). Ello da la idea de abandono de la marcha de muchos. Esto no debe ocurrir. Pero algunos se cansan y se quedan rezagados, sin protección y a merced de los demonios y el mundo. Esta orden de congregarnos (en Hebreos 10.25) oficia dándonos seguridad de fortalecer las convicciones de cada Santa Convocación para los alegres marchantes.
B) En la Epístola 1ª de Juan, en 4.2, se nos enseña una importante prueba espiritual: que consiste en quienes declaran que Jesucristo ha venido en carne, y que en todo el Señor honró al Padre, así como nosotros (creyentes en Jesucristo), reunidos bajo el mismo pensamiento o convicción, tenemos comunión con la Deidad y los unos con los otros. Similar experiencia vivieron los israelitas. Leemos en Éxodo 14.15: “Entonces Jehová dijo á Moisés: ¿Por qué clamas á mí? Di á los hijos de Israel que marchen”. En otras palabras, la inquietante pregunta golpeó en la conciencia de aquellos atemorizados israelitas: ellos debían marchar, ¡porque Dios les dio la oportunidad de vivir en libertad gloriosa! Era adentrarse en una aventura maravillosa…
— ¿Por qué te detienes? Te di autoridad para marchar. Te di honra. Te escogí para que vengas a mí. Continúa tu marcha. ¡Avanza! No mires hacia atrás o te atraparán las dudas, los temores,  el mundo con sus atractivos. ¡No vale la pena! — pareció decirles el Señor mediante esas palabras para animarlos y que tuvieran confianza.
Y tú, discípulo/la de Cristo, ¡no te detengas! No permanezcas inmóvil, con la mirada extraviada y preguntándote qué hago. Estos son días difíciles. Creo personalmente que ha comenzado un tiempo muy adverso para la fe (Similar a una barcaza a vela que se halla navegando río adentro y de pronto irrumpe un estado del tiempo donde ya no sopla viento. La barcaza ahora queda detenida, inmóvil, en “calma chicha” [tranquilidad absoluta del viento y de la mar]. Ya no puede avanzar… Queda flotando a la deriva en espera de vientos favorables). Estando acostumbrados a andar moviéndonos libremente, de acá para allá, ha llegado este tiempo en donde estaremos en “mar chicha”. Este tiempo, no obstante, podemos y debemos aprovecharlo muy bien… Podemos hacer varias reparaciones en nuestro navío, estudiar la carta de navegación (la Biblia)… ¡Hay mucho por hacer! Y esto, ciertamente, nos ayuda a marchar no “chichamente”… risas del auditorio... En el libro de los Hechos de los Apóstoles, en el capítulo 16, versículos 23 a 25, narra las vicisitudes de Pablo y Silas, quienes estaban soportando encarcelamiento por anunciar el Evangelio de nuestro Salvador Cristo Jesús. Fueron azotados y sus pies puestos apretadamente en el cepo. Sus cuerpos físicos estaban en gran padecimiento. Sufrían con grande dolor en ese calabozo, el de más adentro. Era frío y húmedo, sin luz ni ventilación. Permanecían sin poder tomar siquiera una gota de agua. ¡No obstante ellos tenían esperanza!… ¡Comenzaron a alabar a Dios!... ¡Ellos estaban marchando!  Juan Huss, este ex fraile Bohemio, por su fe en Jesucristo fue condenado a morir quemado vivo en la pira, por Inquisición Católica Romana. ¡Murió cantando alabanzas a Dios!... ¡Estaba marchando hacia adelante, al reino de los cielos! Y cuántos otros mártires fueron asesinados de la misma forma. El Libro de Los Mártires, de Fox, narra sobre esto: los cristianos muertos por los sistemas políticos totalitarios que aborrecen a Dios. ¡Todos ellos marcharon hacia adelante!
Pero la distracción de estos últimos tiempos trae consigo: que  muchos fueron engañados por un falso evangelio, con falsas doctrinas, enseñadas por falsos maestros, quienes se introdujeron encubiertamente… ¡calificándose a muchos de ellos: como tomadores de fuente de ganancia y enriquecimiento para sí mismos a la sana doctrina; ganancia impropia de enriquecimiento para su propio fin!... Desvirtúan estos la sana doctrina, pisoteando la sangre de Cristo y blasfemando al Espíritu Santo. Saben estos engañadores —y los engañados— que no tienen disculpa alguna. Estos marchan hacia atrás, hacia la perdición. Leamos en Judas 11: “Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron en el error de Balaam por recompensa, y perecieron en la contradicción de Coré”. Estos están detenidos (significa que están en condición de muertos), así como los diez espías de Números 14.35 al 37.  No debemos detenernos como estos diez espías… ¡Guardemos otra vestimenta de nuestra armadura con mucha atención!... la santidad (12). La santidad es un elemento fundamental. Sabemos que hoy (13) se tolera como «normal» la fornicación entre creyentes. La práctica del adulterio es una norma de vida aceptada entre muchos que dicen ser cristianos; así como los estafadores que venden prosperidad, mentirosos, desobedientes, soberbios, como describe 2 Timoteo 3.1 a 5.
No obstante, proseguirá el justo su camino y el limpio de manos aumentará su fuerza. Porque irá de poder en poder. “Irán de fortaleza en fortaleza, Verán á Dios en Sión”, dice este hermoso cántico del Salmo 84, Versículo 7. Estas son nuestras Órdenes de Marcha.

Oremos, amados de Dios: Nuestro Padre Celestial, nosotros hemos oído tus Órdenes de Marcha. Nos hemos puesto la armadura que nos diste. Señor, el camino es largo. Hay muchos obstáculos. Enemigos tratan de paralizar la marcha. El aullido de nuevos vientos y tramposas novedades distraen a los más débiles. El temor y la proximidad de los maliciosos nos quieren detener. Mas tú vas delante nuestro. Nosotros confiamos en tu protección. Anímanos, ¡oh Dios!, y guárdanos. Algunos flaquean y están sin fuerzas por las muchas pruebas que sostienen. La hostilidad del enemigo busca desanimarnos, desestabilizarnos. Necesitamos siempre una porción de alimento y agua para el camino, para así proseguiremos nuestra  marcha hacia Sión la celestial, hacia la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están aguardándonos en el cielo… y a encontrarnos con Dios, el Juez de todos, y con Jesús nuestro Salvador. ¡Amén!
Curso de Acción: Amigo, amiga, ¿tú tienes ya tus Órdenes de Marcha? Si las tienes, ¿por qué te has detenido? ¡Avanza, por favor! Y si en caso estás sin Órdenes de Marcha, no tienes la facultad espiritual para oír la voz de Jesucristo. Tu destino entonces es incierto. Andas por otro camino y no el que muestra el Espíritu Santo. Pero no te desanimes. Dios te ama y desea darte la oportunidad para que le conozcas. Debes aceptar confiadamente que Jesús fue muerto por tus pecados y resucitado al tercer día, para tu justificación. Si estás dispuesto o dispuesta, arrepiéntete de tus pecados. Pídele perdón a Dios por tus pecados. Cree en tu corazón y serás salvo, salva. Consigue  una Biblia. Léela, ¡y a Marchar! ¡Amén!
 Espero que este mensaje te permita reflexionar y busques la paz de Dios para tu vida. El Señor te acompañe, guie y proteja. Pastor, Ricardo Iribarrhen.
Citas a buscar en la Biblia:
(1) Otorgó
(2) Autoridad
(3) Conocido
(4) No para adquirir o ganarse la salvación, o el perdón de los
pecados o redimirse a sí mismos.
(5) Santiago 1.22
(6) Santiago 1.23
(7) Juan 4.24
(8) Pagar los tributos, o sea, los diezmos - Génesis 14.19,20
(9) Gálatas 5.22
(10) 1 Corintios 6.2,3
(11) Efesios 6.16
(12) 1 Tesalonicenses 3.13
(13) Gálatas 5.19; Colosenses 3.5; 1 Tesalonicenses 4.3; Hebreos 13.4

 


Devocional elaborado y escrito por el pastor Ricardo Iribarrhen

(Biblia consultada: Reina Valera 1909  - Versículos en forma textual)

Modificado por última vez enMartes, 13 Febrero 2024 15:55

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