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Mastica bien la comida

Palabra del día: Josué 1: 1-9

Resumen:
“El libro de esta ley nunca se apartará de tu boca; antes de día y de noche meditarás en él” (Josué 1: 8)

Palabra que me enseña:
A fin de que mi (nuestro) cuerpo reciba nutrición, el alimento que como (comemos) tiene que ser digerido de manera apropiada. Este proceso comienza con la masticación y lubricación salival.

 

 

 

 

Lo mismo sucede con mi (nuestra) ingestión del alimento espiritual – la Palabra de Dios. Hemos de digerir sus verdades de una manera deliberada y metódica. Los animales, como las ovejas o las vacas, y también los camellos, dan una analogía apropiada para comprender este proceso. Estoy seguro de que muchos de nosotros hemos visto una vaca en el campo, bajo la sombra de algún árbol, resguardándose del sol y dedicada a una masticación lenta y metódica mientras come su forraje o granos. Dicha vaca está rumiando. Esto significa que mastica su alimento, lo engulle y lo almacena en uno de sus  estómagos – un estómago especial; porque los rumiantes poseen varios estómagos –; para luego de este proceso devolverlo a la boca, con el fin de volver a masticarlo. Es de esta manera que el animal consigue el mayor rendimiento de tan saludable alimento. (Ten presente: el alimento espiritual rinde con humillación, oración y comunión con Dios - observa 2 Crónicas 7: 14) “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”


Aplicación:
Dos veces en la Escritura para hoy el salmista emplea la palabra meditar (Salmo 1: 2) “Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche” y (Salmo 119: 48) “Alzaré asimismo mis manos a tus mandamientos que amé, Y meditaré en tus estatutos” Este término (meditar) significa considerar, ponderar. Esto quiere decir que vamos dando vuelta en nuestras mentes a la
Palabra de Dios (“masticándola” bien y en oración), derivando de esta manera todo beneficio y satisfacción que podamos obtener de ella, en forma efectiva. Al leer la Biblia  y meditar en sus verdades, el Espíritu Santo nos hace conscientes de nuestro pecado, nos asegura el perdón de Dios, renueva nuestra esperanza, dirige nuestros pasos y nos da valor para afrontar luchas espirituales que encontremos delante de nosotros y durante nuestro caminar.

Un cristiano tiene que “masticar” bien la Palabra de Dios cada día.

Pensamiento:
Una de los distintivos de un alma bien alimentada es una Biblia bien leída (adquirir sabiduría) Considera Job 4:21 “Su hermosura, ¿no se pierde con ellos mismos?
Y mueren sin haber adquirido sabiduría”. Recuerda: “Porque sació al alma menesterosa, y llenó de bien al alma hambrienta” (Salmo 107: 9).

Dios te bendiga. Pastor Ricardo Iribarren.

(Tipeo del original, corrección ortográfica y diagramación de hoja: Miguel Angel Vreska)

Edición y Montaje por Nicolas Benjamin Gonzalez
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