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Juicio en suspenso

 

Palabra del día: Lamentaciones 3:24. Leemos: “Mi parte es el SEÑOR, dijo mi alma; por tanto a él esperaré”.




 

Palabra que me enseña:
Cuántas frases notables han escrito los grandes hombres de Dios, inspirados tanto por el gozo de conocer al Señor Dios, Santo y Poderoso, o conociéndole a través de Su sufrimiento cruzando con hidalguía las pruebas de la fe; estableciendo hitos sobre como vivir en este mundo bajo condiciones de vida severas y diferentes una de otra.

Una madre cristiana me escribió una carta, en la cual me contaba consternada que había estado orando a diario por la seguridad de su hijo. No obstante un día, su hijo murió a causa de un accidente en su trabajo. «Durante los últimos cuatro años -dijo ella- he estado buscando una respuesta de por qué».

Conozco otra familia, la familia Wolf, residente en Villa Udaondo, Buenos Aires, en la cual un repentino ataque al corazón arrancó a Enrique Wolf del lado de Silvia, su amada esposa; dejándola sola en la vida junto a sus tres hijos, sin encontrar respuesta ni consuelo.

En otra ocasión también una pariente mía partió al encuentro con Jesucristo. Sus hijos y nietos estaban contemplando sus restos por última vez: sólo hasta el día, ¡glorioso día!, en el cual suene la trompeta y el Señor, con voz de mando de Arcángel, vista nuevamente esos restos mortales con un cuerpo transformado y el espíritu de ella colocado dentro de su nuevo cuerpo. Cuando mi esposa y yo la visitamos por última vez, en la capilla ardiente, nos encontramos con parientes dolidos, pues sus nueras lloraban también desconsoladamente. Sin embargo, nadie allí pedía explicaciones a Dios.

¿Por qué estas diferencias? ¿Había sido un error que aquella madre que perdió a su hijo en el trabajo le preguntase a Dios por qué? ¡No, claro que no! Silvia también podría preguntarse, y sus hijos, acerca del propósito de Dios en esta tragedia. Pero por experiencias pasadas, algunas muy recientes, Silvia había llegado a conocerle a Dios como total digno de confianza. Podía, ciertamente, dejar a un lado los por qué a Dios. Del mismo modo, los familiares de mi pariente me dijeron: «no tenemos que preguntarle a Dios el porqué de tales o cuales circunstancias».

Aplicación:
Jeremías reacciona de una manera muy semejante, mirando el pasaje de la escritura que me diste para alimentarme hoy, Señor. Todo allí hace suponer como si tú, Dios mío, le hubieras abandonado (a Jeremías). Sin embargo, Jeremías dijo: “A él esperaré”. Su fe no era un salto irracional a tientas, a ciegas, en la oscuridad; pues estaba apoyada en sanas razones basadas en la experiencia.
Suspender el juicio (los por qué) cuando tú, Dios mío, estás callado, ¡te honra!; porque se rehúsa acusarte de injusticia. Señor Dios mío, los que expresan una fe así son fortalecidos por el Espíritu Santo y llegan a ver cuán poderoso y bueno eres, Señor, en verdad.

Reflexión:
Los que te bendicen, Señor Jesús, serán bendecidos por Dios Padre a través de sus pruebas.

Dios bendiga tu vida. Pastor, Ricardo Iribarren.

 

(Tipeo del original, corrección ortográfica y diagramación de hoja: Miguel Angel Vreska)

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Edición y Montaje por Nicolas Benjamin Gonzalez
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