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Toma tu cruz

¿Qué significa tomar la cruz? ¿A qué se refiere el Maestro?
En el caso del joven rico, por ejemplo, mucha gente pensará que la “cruz” es la pobreza; es decir, el joven tendría que renunciar al dinero y hacerse pobre para seguir a Jesús. Es una buena deducción, pero no es correcta. Tener dinero nunca fue un problema para Jesús.

Hoy Jesús no pide a nadie que renuncie a sus bienes, o a su profesión, o a su familia para seguirlo. La expresión “tome su cruz” está explicada en la declaración anterior, que dice: “niéguese a sí mismo”.

Negarse a sí mismo no es fácil: tomar la cruz, de alguna forma, puede serlo.
Pero, ¿qué es negarse a sí mismo? Negarse a sí mismo es despojarse del deseo de hacer las cosas como a uno le parece; es volverse un hombre de Dios: aprender a depender de Él, a ser humilde, manso, a guiar a las personas por medio del poder del amor - y no por el poder de la fuerza.

Entonces, negarse a sí mismo encarna ser:  1- un hombre o mujer de Dios; 2- dependiente de Dios; 3- humilde; 4-manso/a; 5- con el poder del amor de Jesucristo

Para que eso sea una realidad en nuestras vidas es necesario levantarse temprano y deponer el alma a los pies de Cristo.

Cierto día viernes de reunión de discipulado, un hermano de nuestra iglesia, Martín González, nos deleitó con una linda canción, cuya letra describía de cómo debe hacerse esto de deponer nuestra alma al Señor. En una parte de la canción se dejaba oír: “De mañana me presentaré ante ti, Señor, y esperaré”. La cantamos luego todos y se transformó en una hermosa reunión de enseñanza y canto.

Querido oyente y lector, debemos conocer la cruz; la cruz y el negarse a sí mismo nos enseñan como entregarnos a Cristo y vivir en un plano elevado.

La oración no es un discurso de palabras bonitas; no es un asunto de palabras, sino de vida: vivir la cruz. Estamos invitados por Cristo a un seguimiento y alcance de Él. Despierta curiosidad, asombro (considere Lucas 24:12)… ¡Es fascinante!  Lo adorna este cántico espiritual: “¡Oh!, llévame, Señor, a esa roca más alta. Yo te seguiré”.
Hace en la vida de ese creyente,  llenado del esplendor radiante de la comunión con Cristo, descubrir esas maravillosas promesas citadas en Isaías 43:2: Cuando pasares por las aguas, yo seré contigo; y por los ríos, no te anegarán. Cuando pasares por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.

El creyente puede expresar muchas cosas bonitas; puede tener deseos de servirlo (al Señor), renunciando a sus más caros afectos; pero si la dependencia de Dios en su vida es sólo teórica, técnica, ello se notará en el momento que la crisis aparezca; porque, entonces, en “el nombre de Dios” querrá hacer las cosas como a él le parece. Y de tanto usar la expresión “en el nombre de Dios” llegará a creer en sí mismo que está haciendo todo realmente “en el nombre de Dios”; no obstante, lo está haciendo, en realidad, en su propio nombre - y para su “gloria”.

En el versículo de hoy se puede advertir que Jesús se dirige a sus discípulos, y también a TODO ser humano.  Quiere decir que este consejo se aplica a todos los hombres y mujeres. Sirve para todas las circunstancias, independientemente y a pesar de las culturas, los países, las etnias o el tipo de actividad que se realice.
¡Haz de este día un día de servicio en tu vida!

Pregúntate en qué puedes y debes mejorar. Pregúntate y dile al Señor en qué necesitas crecer; qué tienes que pulir; qué has dejado de hacer que agradaba a Dios y se gozaba el Espíritu Santo en ti, y ahora te parece que has perdido parte de ese tesoro.

¿En qué áreas de tu persona necesitas imperiosamente que Dios trabaje en ti?... ¿en tu carácter?... ¿en tu temperamento?... ¿en tu disposición?... ¿en tu voluntad?
Recuerda que la vida cristiana involucra crecimiento, y que el crecimiento es un proceso que demanda tiempo. Ten paciencia contigo mismo, pero no te quedes parado en un mismo lugar. Lo que lograste hasta hoy está bien, muy bien, para hoy; mañana será otro día, y debes de haber crecido.

No salgas hacia tus actividades sin recordar las palabras en el Evangelio de Marcos 8:3.

No olvides… “sígame”, te pide el Señor. 

«Amigo/a  que has reencontrado tu compromiso y vas a llevar tu cruz cada día de tu vida, te invito a que te acerques a Dios en oración. Y si no sabes cómo y qué decirle, permíteme ayudarte. Dile: “Dios mío Señor Jesucristo, te pido perdón por este mi error de querer llevar una vida sin la cruz de cada día. Vengo en busca de tu ayuda; enséñame cómo hacerlo, porque quiero ser un discípulo responsable. Sé que eres paciente y benigno; te lo pido en tu nombre, Señor. Amén”».

“Donde quiera que vaya, yo te seguiré. ¡Oh!, llévame a la cima más alta, Señor”.

Dios te bendiga y te ayude a comprender las hermosas intenciones que Jesucristo tiene para ti. Amén.

Dios bendiga ricamente tu vida. Pastor Ricardo Iribarren.

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