“Yo soy la resurrección Y la vida” (Juan 11:25)
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Cuando llegó el tercer día: el día en que nuestro Salvador resucitó, abandonando la tumba, algunas cosas sucedieron. Por un lado, los religiosos pagaron a los soldados apostados junto a la tumba para que dijeran que su cuerpo había sido robado. Por otro lado, unas mujeres piadosas, que habían creído en él, corrieron muy temprano hasta la tumba y comprobaron que, efectivamente, estaba vacía. Dice la Biblia que Juan y Pedro corrieron, pero que juan corrió más a prisa y llegó antes (Juan 24:4).