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El DiSfraz

Lectura bíblica: 2 Timoteo 1:5

«Trayendo a la memoria la fe no fingida que está en ti, la cual residió primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice; y estoy cierto que está en ti también».



Vamos a considerar este ejemplo de conducta modelo que debe tener el que se dice ser un creyente fiel, basándonos en una historia verídica en donde nos hemos de aplicar esta  enseñanza escrita en el Antiguo Testamento, en el libro de 1 Reyes 14. Leemos todo el capítulo, pero veamos el verso 6… «Y cuando Ahías oyó el sonido de sus pies que entraba por la puerta, dijo: Entra, mujer de Jeroboam; ¿por qué te disimulas? Pero yo soy enviado a ti con revelación dura».
Consideremos la exhortación del apóstol Pablo en Romanos 12:9… «El amor sea sin fingimiento, aborreciendo lo malo, llegándoos a lo bueno…». La historia que leímos en el capítulo 14 de 1 Reyes tiene testimonio sobre la actitud tomada y el comportamiento de una manera de vivir muy común, en donde vemos que Dios condena el carácter de la conducta asumida en aquellos israelitas; puesto que éstos creían que al Dios de Israel se le podría engañar como a sus dioses ideados por ellos, los cuales de ninguna manera les podían dar respuesta a sus inquietudes. Notemos: la dura condena que recibió (Israel) por el agravio del engaño; la reacción inesperada del infortunio que les sobrevendrá a ellos por la respuesta que el profeta Ahías les dio, debido a que Dios repudia a aquellos que le han abandonado a él y sus mandamientos — Jeroboam y su mujer fueron juzgados con la muerte de su hijo, pues recogieron el fruto amargo de sus deleznables hechos cometidos: al desviarse de la verdadera fe se convirtieron en adoradores de dioses falsos (véase 1 Reyes 12:25-33). Notemos la advertencia que hace el escritor del libro de los  Hechos, en 17:29… «Siendo pues linaje de Dios, no hemos de estimar la Divinidad ser semejante a oro, o a plata, o a piedra, con la marca de artificio o de imaginación de hombres». Esos separados *(las diez tribus, por el reino roto, debido al pecado cometido por Salomón) del reino del Norte, «Diciéndose ser sabios, se hicieron fatuos…» (Romanos 1:22). La necedad siempre cosecha el fruto de su desvarío. La historia se centra sobre el penoso acontecimiento que habría de acontecer… A saber, cuando el joven príncipe hijo de Jeroboam, afectado por una enfermedad de difícil sanidad, acudió en busca de ayuda del Dios verdadero, ya que los dioses en forma de becerros que había fabricado en Samaria y la disposición de poder ofrecerles adoración con un falso sacerdocio ejercido por truhanes de mala espina, como él mismo lo era, no sirvieron de nada *(1 Reyes 11:9-11) «Y se enojó el SEÑOR contra Salomón, por cuanto estaba su corazón desviado del SEÑOR Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, y le había mandado acerca de esto, que no siguiese dioses ajenos; mas él no guardó lo que le mandó el SEÑOR. Y dijo el SEÑOR a Salomón: Por cuanto ha habido esto en ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé el reino de ti, y lo entregaré a tu siervo» [véase también los versículos 28 a 38]. La adoración fingida o simulada hacia Dios trae consecuencias irreversibles, debido a que la luz (conocimiento) que Dios entrega al adorador es quitada: quedando en tinieblas. Este estado produce endurecimiento de la voluntad; las cualidades espirituales van siendo reemplazadas paulatinamente por las conductas carnales como: idolatría, obstinación, insensatez, arrogancia, descortesía… caminando así sobre las brasa ardiendo del pecado. Desoír las continuas advertencias por parte del Espíritu de Dios resulta muy peligroso. Aún puede ser arrastrado/a hacia la opresión demoníaca, de lo cual es difícil libertarse. «Por lo cual, amados míos, huid de la idolatría» (1Corintios 10:14). ¡Una consecuencia irreversible!... cuando trató Jeroboam de engañar al profeta Ahías (un anciano ciego), indicándole a su mujer, la reina, que finja ser una campesina y se presente al ante el anciano (1Reyes 14:12… «Levántate ahora, disfrázate, para que no te conozcan que eres la mujer de Jeroboam, y ve a Silo; que allá está Ahías profeta, el que me dijo que yo había de ser rey sobre este pueblo») llevándole obsequios de acuerdo al carácter (de campesina: pan, torta de pasas, queso de cabra, leche) que tomó. El anciano no podía reconocerla; y éste hubiese quedado halagado de recibir los emolumentos (remuneración, pago) que le traía. Pero Jehová Dios le advirtió a su siervo que quien venía a verlo no era una auténtica creyente. ¡Jeroboam manifiesta una intensa ansiedad como padre! Su astuta política como rey apóstata no permitía que se sepa que consultaba al Dios verdadero, y no a sus ídolos (Isaías 45:20b… «... No tienen conocimiento los que levantan el madero de su escultura, y los que ruegan al dios, que no salva»), por temor de poner en riesgo su sistema político-religioso. Además temía que Ahías, a quien había ofendido, se negara a recibir a la reina, si ésta iba manifiestamente a consultarlo. Por este motivo escogió a su esposa como la persona más indicada para esta misión secreta y confidencial; pero le recomendó que fingiera ser una mujer del campo… ¡Qué desatino, creer que Dios podría revelar el porvenir, y no saber quién se escondía tras el disfraz!... Vamos a  mirar la escena que asume ahora una nueva interpretación: hay —y son muchos— quienes suponen, ciertamente mal, que sus actividades pueden ocultarse tras un disfraz de religiosidad, o de cualquier otra naturaleza; lo cual, por un tiempo lo consiguen, fingiendo ante los ojos de Aquel que creó el corazón humano. El Salmo 66:18 declara: «Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me oiría....». El Salmo 7:8 dice… «El SEÑOR juzgará los pueblos; júzgame, oh SEÑOR, conforme a mi justicia y conforme a mi integridad». Piense por un momento que usted planeara hacer algo malo, y presuma que tal vez nadie lo descubrirá en su maldad; puesto que para no ser descubierto, usted finge muy bien. No obstante, debe saber que este hecho deshonesto no podrá eludir los ojos de Dios. Sepa usted que Dios a su momento le reprenderá. ¿Sabe por qué? Porque él desea que usted no se aprisione a nada indecoroso, inmoral, malo; que no use un disfraz para engañar, ni mucho menos queriendo engañarle a él. La mujer de Jeroboam es descubierta. Miren lo que dice el versículo 6… «Y cuando Ahías oyó el sonido de sus pies que entraba por la puerta, dijo: Entra, mujer de Jeroboam; ¿por qué te disimulas? Pero yo soy enviado a ti con revelación dura.» El proceder erróneo es puesto al descubierto cuando tratamos de engañar al Espíritu Santo. Notemos los pasos progresivos de la caída. La siega del pecado es:

Primer paso — Decepcionante: «...Pero yo soy enviado a ti con revelación dura» (v. 6). Isaías 17:10 nos advierte… «Porque te olvidaste del Dios de tu salud; y no te acordaste de la Roca de tu fortaleza. Por tanto plantarás plantas hermosas, y sembrarás sarmiento extraño. El día que las plantares, las harás crecer; y harás que tu simiente brote de mañana; mas en el día del coger, huirá la cosecha, y será dolor desesperado». Así se sentía la mujer de Jeroboam,  madre del príncipe enfermo.

Segundo paso — Infructuosidad: Jeremías 12:13... «Sembraron panes, y segarán espinas; tuvieron la heredad, mas no aprovecharon nada; se avergonzarán a causa de vuestros frutos por la ira del SEÑOR».

Tercer paso — desemboca en la Cobardía: 1 Reyes 22: 29-30… «Así subió el rey de Israel con Josafat rey de Judá a Ramot de Galaad. Y el rey de Israel dijo a Josafat: Yo me disfrazaré, y así entraré en la batalla; y tú vístete tus vestidos. Y el rey de Israel se disfrazó, y entró en la batalla». Trata de cuando el malvado rey Acab se despojó de sus ropas reales y se disfrazó como un soldado común para la batalla, con el pretendido recurso de generar confusión, engaño, para que en su lugar mataran al rey Josafat.

Cuarto paso — aquí se suma la Obstinación junto con el Temor. Veamos 2 Crónicas 35:22… «Mas Josías no volvió su rostro de él, antes se disfrazó para darle batalla, y no escuchó las palabras de Necao, que eran de boca de Dios; y vino a darle la batalla en el campo de Meguido». Así le aconteció al rey Josías. Vemos que es la misma advertencia que el Apóstol Pablo dirigió a los Gálatas. Veamos Gálatas 6:7… «No os engañéis (como le sucedió a Salomón, Joroboam, Acab, Josías, Judas el Iscariote, Ananías y Safira, Demas y tantos otros), Dios no puede ser burlado; porque todo lo que el hombre sembrare, eso también segará». Y Gálatas 6:8… « Porque el que siembra en su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra en el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna». El fingir es una actitud de engaño, un disfraz. Observemos bien esto. ¡Y que Dios nos ayude a desenmascarar de nuestro corazón toda actitud de disfraz! Pablo le escribe a Timoteo, recordándole que la fe que sostenía no era fingida; que esa misma fe habitó en su abuela y en su madre, quienes de esa manera enseñaron y condujeron al joven Timoteo: ¡Qué importante,  madres de Israel (me dirijo a las hermanas que son madres en mi congregación), que enseñen a sus hijos a vivir delante de Dios en actitudes genuinas, puras y sin doblez!

Hermanos y hermanas, si alguno de ustedes en este día anda con disfraz puesto —tal vez hace años que lo estás usando—, Dios te va a reconvenir rígidamente, así como hizo el profeta Ahías a la mujer de Jeroboam. Te exhorto a que cambies ahora. Pasa aquí delante del púlpito, arrepiéntete y humíllate, y pídeles perdón a Dios y a la iglesia. Ten en cuenta que el disfraz es el ropaje que usan los apóstatas (incluso aquellos que no lo son). El enemigo bien sabe que la verdad triunfa y arruina los planes de aquellos que hacen uso del disfraz (máscaras, caretas; escondiéndose detrás de ellas) para sus fines obscenos. ¡Son como aquellos que dicen ser algo y no lo son! El fingir —el disfraz— tuvo su origen en el huerto del Edén. Satanás, el maestro siniestro, tiene la habilidad de disfrazarse hasta parecerse a un ángel de luz (Vean Génesis 3: 1,2,14). Veamos 2 Corintios 11:13-14… «Porque estos falsos apóstoles, son obreros fraudulentos, transfigurándose en apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se transfigura en ángel de luz».
¿Cuál es la finalidad del disfraz? Proverbios 14:25… «El testigo verdadero libra las almas; mas el engañoso hablará mentiras»  (vea también 2 Timoteo 4:14-15 y 1 Timoteo 1:18-20).

Oremos:
Acerquémonos confiados al Señor Jesús. Recuerden, estamos en este tiempo de gracia. Podemos acudir ahora. ¿Estás engañando a alguien en particular, o a muchos? Recuerda que si te arrepientes ahora, cosecharás oportunidades para renovación espiritual…
«Padre Santo, venimos a ti, pues tenemos cosas que decirte. Señor, algunos se han convertido, por medio de un disfraz, en personas que han llevado dolor, porque su tendencia les abrigó esperanzas de éxitos mundanos, y su incidencia maliciosa provocaron que su testimonio haya perdido efectividad. Ellos han oído —o tal vez leído— este mensaje. Te ruego por ellos. Apelo a tu misericordia para que se arrepientan. Te pedimos perdón. Considera ya en darles ayuda, a fin de que ellos puedan corregirse, evitando así volver a tropezar. Tú eres nuestro socorro y refugio. Con la ayuda de tu Santo Espíritu, ellos atenderán a tus advertencias. Te lo pido, Padre, en el Nombre Precioso de Tu Hijo Amado Señor Jesucristo. Amén».

Mensaje predicado el 19 de octubre del 2020, por el pastor Ricardo Iribarren.


Devocional elaborado y escrito por el pastor Ricardo Iribarren.

(Biblia consultada: Sagradas Escrituras (1569)  - Versículos en forma textual)

(Compaginación del artículo: Miguel Angel Vreska: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)

Modificado por última vez enViernes, 08 Enero 2021 20:12
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