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LA QUEJA (LA MURMURACIÓN)

Mensaje dado en la Iglesia Cristiana Bíblica Misionera ICBM,
fecha 25/01|/15    

Lectura en la Biblia: Proverbios 23.12: "Aplica tu corazón a la enseñanza, Y tus oídos a las palabras de sabiduría".

Números 11.1: "el pueblo se quejó a oídos de Jehová"
Introducción:
La palabra "queja" no es igual -ni siquiera similar- al término "carqueja", que es una planta muy estimada por sus atributos medicinales.
La palabra queja tiene sus sinónimos, los cuales,  debido a sus aplicaciones gramaticales, aumentan o disminuyen el valor fuerte del concepto. De acuerdo con ello, puedo mencionar la palabra insatisfacción — o  murmurar: murmuración (Éxodo 15.24; Números 16.41 "... el pueblo murmuró..."; Lucas 15.2: "… los escribas murmuraban, diciendo: Este…"; Lucas 19.7: "al ver esto, todos murmuraban, diciendo… "; 1 Corintios 10.10: "ni murmuréis, como... murmuraron…"; Santiago 4.11: "no murmuréis los unos de otros..."). También tiene otros términos aleatorios o afines —como: descontento, desconfianza— asociados a la queja o murmuración. Una raíz antigua en el idioma hebreo, "mmadorez", la expone como rebeldía = desobediencia. Amados hermanos, cabe mencionar algo muy importante que casi siempre provoca confusión y conviene esclarecer ahora: rebeldía no es lo mismo que rebelión… ¡¡Cuidado, hermanos!!…  Para ver bien esto, tomemos nuestras Biblias y leamos en 1 Samuel 15.22-26: Samuel dijo: "¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación  (no vamos a ser como Nabal el obstinado, ¿¡verdad!? – véase 1 Samuel 25.25). Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él  también te ha desechado para que no seas rey."   
El significado de rebelión = pecado. Veamos Salmo 51.3. Aquí David le confiesa a Dios su pecado de rebelión: "porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado". A título aclaratorio señalé estos textos. Hay muchos más en su correlación de la palabra «ignorancia». Leamos en Isaías 29.24 para instruirnos: "Y los extraviados de espíritu aprenderán inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina."
Los murmuradores (o quejosos) tampoco aprueban tener en cuenta Dios: “Y como a ellos no les pareció tener a Dios en cuenta, Dios los entregó a perverso entendimiento, para que hicieran lo que no conviene" - Romanos 1.28 (siga leyendo los versículos 29 a 32). Por esta advertencia, que es una divina Alerta para llamarnos la atención, es que leímos las citas bíblicas recién (arriba) mencionadas.
Siendo que la doctrina [enseñanza] aquí mencionada se trata de aplicarse la reprensión debida por parte de Dios, no obstante, se trata también del castigo correctivo que se merece dado por Dios.
La queja es un mal que lo sufren las personas, de acuerdo a su forma de vivir. Situaciones plenas o no de insatisfacción, este efecto les proporciona desconfianza. Dice en Números 11.1: "El pueblo se quejó a oídos de Jehová". Dios -Jehová- tuvo que soportar a sus discípulos hasta con un cierto grado de insatisfacción. Jesús, en Marcos 9.19, dice: “¿Hasta cuándo os he de soportar?"
   Dicen las Escrituras que Israel se quejó de su amarga servidumbre en Egipto, debido a su duro maltrato de quienes en otro tiempo los recibieron en términos de buena amistad. Un recibimiento y ofrecimiento que con el paso del tiempo los llevó a ser oprimidos hasta el estado de esclavitud: un estado de servidumbre forzada. Pueden leer Éxodo 1.14, 2.23. “Que los reducirían a servidumbre y maltratarían”, dice Hechos de los Apóstoles 7.6. Fue una situación de queja anhelando la libertad, la paz, el deseo de disfrutar la alegría, reírse con gozo. Ellos lo vivieron muy amargamente, pero aun así con anhelada esperanza.
 A veces hay momentos en la vida en que, de verdad, nos quejamos por nada. No solo es molesto para los demás y nos amarga y devasta a nosotros, sino que además se desarrolla sin ninguna necesidad ni motivo real de estar sintiéndose así. Ante los ojos de Dios y a la luz de las Escrituras eso, sencillamente, se llama "PECADO": pecado contra Dios y Su palabra. También es ofensivo al Espíritu Santo que mora en nosotros; pues le causamos molestias — puesto que él ve y sabe lo que hacemos nosotros.
  Israel había sido libertado de la esclavitud física y se había separado de la idolatría egipcia. Tenía en Moisés un líder escogido por Dios, aprobado y con atributos especiales. Uno de esos atributos: la virtud del discernimiento de las cosas y  figuras otorgadas por Dios a ellos [atender: Hebreos 2.1: "atendamos a las cosas que hemos oído"; oír: Mateo 13.9: "el que tiene oído para oír, oiga"; comprender: Lucas 24.45: "para que comprendiesen las Escrituras"; ayudar: Isaías 41.10: "Yo soy,... siempre te ayudaré,..."] Dios guió a Israel con ese líder, Moisés, durante 40 años.
  La queja  tiene dos hijos. Uno de ellos se llama Descontento; el otro, Quebrantamiento. Estos dos siempre andan juntos, trabajando. Tiene también dos hijas: Tristeza y Soledad. Soledad siempre está acompañada de su hermana Tristeza: son inseparables. El quejarse sin una razón justa es pecado, o no es provechoso. Como dice el autor de Hebreos, en el capítulo 13, verso 17b: “… para que lo hagan con alegría, y no gimiendo; porque esto no os es útil.”
Consideremos Isaías 1.28: "Pero los rebeldes y pecadores a una serán quebrantados, y los que dejan a Jehová serán consumidos." Este versículo Insinúa que, debido a las continuas insatisfacciones de Israel, su retrato era una auténtica rebeldía.
  Rebeldía amplia contra Dios
  Rebeldía amplia contra Su palabra.
  Rebeldía amplia contra los hermanos.
  Rebeldía amplia contra la unidad espiritual de la Iglesia.
  Rebeldía amplia contra los líderes de la Iglesia.
  Rebeldía amplia contra el mandamiento del Señor Jesucristo.
  No seamos olvidadizos. No nos quejemos indebidamente: sino “Que os améis unos a otros: como os he amado, que también os améis los unos a los otros" (Juan 13.34) - Reflexionemos también en Colosenses 3.12-14. La queja indebida destruye la obra de Cristo en la vida de otras personas y en la nuestra también. La queja arrastra a sin sabores ["dijo el rey: no es esto, sino quebrantamiento de corazón." - Nehemías 2.2;   "Quebranto y desventura hay en sus caminos" - Romanos 3.16].
¡No desoigamos las advertencias! No las pasemos por alto. La lectura asidua de las Escrituras nos advierten y nos proveen de enseñanza necesaria para un buen vivir sobre la tierra; evitemos tropezar en la Palabra de Dios. ¡Atended! (Ver mensaje: Ver a Dios a Través De Cristales Rotos
 En el Nuevo Testamento disponemos de importante información. En Romanos 1.28-32, por ejemplo, hallamos una lista como resultado de la apostasía: (Ver Apostasía) en el verso 30 están los murmuradores (véase 2 Corintios 12.20). A estos se los considera impíos, debido a la manera  frecuente de quejarse. La queja indebida es un acto de murmuración. La Biblia dice que están llenos de maldad. Las virtudes necias o maldad que aplican son: malicia, corrupción, envidia, codicia, injusticia, orgullo, engaño, jactancia (2 Pedro 2.8), impiedad (Efesios 2.12); son inclementes (Santiago 2.13), quebrantadores del pacto (Hebreos 8.9), torpes (2 Timoteo 3.17), presuntuosos (Números 15.30) - 1 Corintios 11.7-19, 27, 31.
  El Apóstol Pablo le enseña a Timoteo, de lo cual aprendemos nosotros también, sobre el carácter de los creyentes en los postreros días (¡el caso es que la iglesia ha entrado ya en este período de los últimos días!). Abrimos nuestras Biblias y leemos en 2 Timoteo 3:5. Allí Pablo dice que los -supuestos- creyentes presenten pruebas de ser discípulos de Cristo. Puesto que algunos lo hacen con disimulo. Estos tendrán apariencia de piedad. A estos supuestos creyentes hay que EVITARLOS; NO TENER AMISTAD CON ELLOS. El apóstol Juan en su 3 carta nos habla sobre esto, en los versos 9, 10, 11.
  Tal vez nos digan que no tenemos amor, compasión, y que debemos ayudarlos. Pero el caso es que ellos no tienen amor. Carecen de compasión; son destruidores de la fraternidad y la amistad entre los hermanos. ¡Alejémonos!, para evitarnos males. Además, la queja no es buena, ya que nos impulsa a ser desagradecidos hacia Dios. La queja nos hace perder bendiciones.
Ahora bien, ¿cómo podemos superar este nefasto mal? Muy sencillo. Nos acercaremos al trono de gracia (Hebreos 4:16) convencidos de que un arrepentimiento auténtico (pidámoselo a Dios: “porque Dios es el que en vosotros obra así el querer como el hacer, por su buena voluntad” – Filipenses 2.13) es, de hecho, una forma eficaz de colocarnos nuevamente en perspectiva; porque el perdón ofrecido por el Señor Jesucristo busca la restauración inmediata del pecador.
  La queja, la murmuración, la insatisfacción,  son cadenas que se deben romper; puesto que ello nos someterá indefectiblemente al descontento continuo, a una frustración permanente y, ciertamente, no nos permitirá ver nuestros propios errores. Nos pasaremos echando culpas a  otras personas de cosas que ¡nosotros debimos haberlas remediado! Soportar (escuchar reiteradamente) a personas -creyentes o no- que viven quejándose es contraproducente, tanto para ellas como para quienes las escuchan. Estas son repetitivas. No escuchan las recomendaciones hacia un cambio. Esto es algo que se hace tedioso y desagradable. Yo creo que, en estos casos -y en cualquier caso, claro está-, solamente una fe firme en Cristo Jesús, una resuelta voluntad de estar fuerte, asido —por medio de la fe— de la mano de Dios, sostiene al consejero cristiano. Y de esta manera, brindándole la asistencia de amistad, por medio de la cual influirá positivamente en la persona que se volvió (retrocedió) al estado de quejoso o quejosa (o bien, querelloso [Judas 1.4-5-16]), para ayudarla a salir adelante, Ud., ministro consejero o cristiano consejero, estará luchando espiritualmente a favor de ella (reflexione en Santiago 5.19). Porque ésta, en su estado de ansiedad, vive casi permanentemente en angustia o agonía de espíritu. Resulta que la actitud asumida se parece, en cierto sentido, a una gotera continua (Proverbios 27.15).
  La queja es frustración continua; y de no ser satisfechos sus deseos, corrompe la fe cristiana de cosas no alcanzadas, derribando tus ilusiones, tus sueños... (Ver mensaje: El Cristiano y El Mundo).
La queja detuvo el avance de la conquista de Canaán (Números 14) cuando se encontró con la melancolía (Números 14.2-3). Van por el suelo las ilusiones de esos conquistadores y los sueños de los hombres y mujeres de hoy. El éxito se confunde en una palabra hueca. Sin desafíos que alcanzar, la bandera es arriada. En su lugar se iza el trapo del fregadero del fracaso. Observen sino el ejemplo de 1 Reyes 21.6, 15.
La queja es insidiosa, malévola; siendo su uso corriente en aquellos que han sido vulnerados por la insensatez. Este terrible pecado los lleva a una condición de irrefrenable locura. Así, de esta manera, Caín asesinó a su hermano Abel (Génesis 4.3-6). Su queja sin sensibilidad alguna carecía de arrepentimiento.
Algunos han presentado el recurso de la queja para manifestarse. Así lo vemos en Job 7: 11b - 13, en donde Job  justifica sus argumentos de inocencia, en desagravio por los pesares que se levantaron contra él (analicemos también Job 10.1). Es también un desahogo del alma afligida, azotada por los vientos de las injusticias, con los cuales asimismo son escarnecidos los santos y toda persona. Estos son también los anhelos que buscan alivio del corazón abatido.
Hermanas/os y amigos,  deseo hacerles un ofrecimiento en este momento. Quiero que sepas que puedes lograr salir de este flagelo que ha invadido tu alma, que te ha sometido sin descanso hasta el agotamiento de tu espíritu. No obstante, esto no se logra con remedios ni con ayuda humana (por más noble y sincera que esta sea); pues no podrá libertarte de este terrible azote enquistado. ¡Pero sí hay solución! ¡Sí hay una "medicina"! Es una medicina ofrecida por Cristo para resolver tu situación. Si vienes ahora a él (Dios les bendiga. Pasen aquí, por favor. En un momento hablaré con uds.) y pides socorro, estoy plenamente convencido de que el Señor Jesucristo te dará su ayuda para resolver el fiero conflicto en que te hallas dentro de ti. El Señor quitará la queja de ti, y te asistirá con suficiencia en cuanto a tus conflictos que motivan y provocan tu queja. Ese azote no te volverá a molestar. ¿Sabes?... ¡tú volverás a sonreír, tendrás paz; paz no como el mundo la ofrece: porque será la paz de Cristo! (“La paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” – Juan 14.27). Esa paz que hará fluir dentro de ti ríos de agua viva. ¡¡Aleluya!! Dios te bendiga ricamente.
(Por favor, mientras toda la congregación continúa orando e intercediendo, les invito a clamar esta petición al Padre Celestial, nuestro Dios)
(Ud. la puede ampliar si lo desea): «Oramos… Padre Santo, me encuentro mal. Hace tiempo que vivo quejándome. Tú conoces toda mi situación; la opresión de mi alma, la escasez de mi espíritu; que soy un desobediente; que infringí tus mandamientos… Señor, me arrepiento delante de ti. Te pido que perdones mis pecados.  Quiero ser Libre, Padre. Quiero que me des un limpio corazón. Quiero que me otorgues el privilegio de orar a ti; conversar contigo, como de un hijo a su padre. Quiero la paz que tú, Señor Jesús, solo puedes dar, para compartirla con otros que padecen afligimientos. Todo esto te lo pido en el dulce y poderoso nombre del Señor Jesucristo, tu amado Hijo. Amén. Gracias, Padre Celestial.»

Dios te bendiga ricamente. Pastor, Ricardo Iribarren

Modificado por última vez enMiércoles, 14 Agosto 2019 16:02
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