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¿Cuál Es El Camino Que Lleva Verdaderamente a La Vida Eterna? (Segunda Parte)

Las Sendas Antiguas
     El culto extraño y la adoración a Dios maquillada de modernismo son las sendas modernas del ecumenismo y la apostasía eclesiástica evangélica. La obediencia a Dios, limpiándonos de todo lo mundano y profesando sus ordenanzas establecidas en Su palabra, son las Sendas Antiguas.


     El mal no es el coetáneo del bien, sino una moderna y sofisticada degeneración del bien.

     Las Sendas Modernas, identificadas estas como: Idolatría a las personas… Idolatría a figuras de personas… Idolatría a la fama… Idolatría al poder… Afán y simpatía de poseer dominio completo sobre las voluntades humanas en obediencia ciega o por temor a represalias… Idolatría al éxito que se basa en un franco compromiso con el diablo… Idolatría a la riqueza, en donde el diablo toma control completo de la voluntad humana… Idolatría al culto del cuerpo: ese afán desmedido impulsado por las publicidades, cuyas propuestas y ejemplos inducen a hombres y mujeres a perfeccionar y estilizar (resaltar) su estado corporal, pasando horas y horas en un gimnasio e ingiriendo toda clase de pastillas y bebidas a tal fin (no hablamos aquí de la gimnasia saludable —caminar, trotar, etc.— o tratamiento quinesiológico; solo del culto idolátrico al cuerpo)… Idolatría de vivir a la moda: hay personas, especialmente las mujeres, que esto les atrae como las flores a las abejas en busca de polen, que realizan un esfuerzo denodado para conseguirlo… Idolatría por los automóviles, motos, bicicletas, etc.… (¡Aaah!... ¡Y los hombres que gastan sumas y sumas de dinero para tener sus rodados con todo el bagaje de “maquillaje” disponible en el mercado, con el solo fin de deslumbrar y ser admirados ellos y sus “chiches”!)… Idolatría por las armas y la guerra… Idolatría por la competencia de conocimiento… Idolatría por los deportes y por quienes los practican (especialmente profesionales de primera línea)… Idolatría por el dinero, etc., etc. Vayamos, a este respecto, a la Palabra de Dios: “ESTO también sepas, que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos: Que habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, detractores, desobedientes á los padres, ingratos, sin santidad, Sin afecto, desleales, calumniadores, destemplados, crueles, aborrecedores de lo bueno, Traidores, arrebatados, hinchados, amadores de los deleites más que de Dios; Teniendo apariencia de piedad, mas habiendo negado la eficacia de ella: y á éstos evita” (2 Timoteo 3: 1-5). Ahora bien, Ud. Preguntará, pero ¿cómo podemos evitar todo esto? Fácil respuesta, amigo y amiga: debe evitarse por todos los medios el contacto con los idólatras modernos; porque ellos se han transformado en "dioses" para sus seguidores. Y estos modernos "dioses" desean ser adorados. Su vida es la vanagloria de la vida. Su forma de vida está basada en la soberbia. Se sienten henchidos de orgullo, como bien leímos en 2 Timoteo 3: 1-5. Ellos presentan las cosas malas como algo en realidad beneficioso. ¡Pero no es así!… Los efectos que reflejan sus actos, que recaen en sus seguidores, son devastadores; a saber: el fanatismo radical, desde la violencia, las agresiones de todo tipo, la criminalidad, el consumismo frenético de las drogas, del sexo, del alcohol. Todo ese exceso, tristemente, podría conducirlos al suicidio. Satán se ha encargado de desviarlos de la verdad. Este enemigo de las almas posee una habilidad especial para crear el deseo insano en las personas y que éstas vayan detrás de estos dioses de barro. El príncipe de las tinieblas está buscando adoradores; y cuando por fin los encuentra, este los instruye para caminar por estas sendas modernas. ¿Es Ud. uno de ellos? Sálgase de esta locura que, decididamente, le podrá destruir a usted y a su familia; que le apartarán de las buenas influencias; que crearán en Ud. un estado “libertino”, rechazando con el tiempo todo aquello que proviene de Dios, a saber, los principios del arrepentimiento y la confesión ante Dios. Tenga por cierto que lo tenebroso lo neutralizará; la fe en Cristo será cambiada hacia otra fe: la fe de un falso cristo. Finalmente, la rebelión y la apostasía serán su estilo de vida.

     Sin embargo, destacamos que el virtuosismo, la austeridad, la abnegación, forman inseparablemente parte de la gracia que nos es dada en CristoJesús. Brota de sí como una fuente que alimenta el valor, la resistencia, el cuidado del deber, el testimonio personal: sobre el cual “... reposa el poder de Cristo”, el culto que ofrecemos a Dios… Pues el reflejo que prevalece en todo es la obediencia a Su Palabra. Dios nos obsequia la alegría de vivir, la satisfacción verdadera que colma de goces esta vida aquí. Hermanos, al andar en las Sendas Antiguas notamos que el Espíritu Santo imparte el deseo profundo de aborrecer los pecados que a Él le hieren, de amar Su palabra — la cual, al leerla, despierta en nuestra mente el deseo de instruirnos, de animarnos, de renovarnos, de seguirle incondicionalmente: porque nos hace libres.

     Somos libres por Jesús, el Cordero de Dios; y de este modo nos dará Él el poder de luchar contra las potencias del averno, resistiendo esas fuerzas tenebrosas del mal, ese aliento maligno de desvío hacia la locura. Dios nos dio aliento de poder de vida para hacer a Jesús nuestro Rey en nosotros. ¡Qué gloria, y qué responsabilidad! ¡Ah!... ¡Que no seamos hallados desertores! (2 Timoteo 2: 1-7).

Y hallareis descanso…

     Sí.... Hallamos descanso cuando nos encontramos reunidos como cuerpo de Cristo, Su Iglesia. La vida humana es una tragedia, repleta de sinsabores y con tan pocas alegrías; en su camino encontramos muchas lágrimas y dolores… Mas en Cristo hallaremos el ansiado descanso.

     Sí… hallamos descanso los que integramos la iglesia… «Así muchos somos un cuerpo en Cristo, mas todos miembros los unos de los otros» (Romanos 12: 5). Para comprender esto mejor, también leamos 1 Corintios 10: 16b: «… El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?». Pues el Señor Jesús nos enseña en el Evangelio según Juan 6: 46-47, al decir de sí mismo: «No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre. De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna». Esto lo dijo a las gentes que estaban del otro lado del mar; que, hallándolo, le hacían preguntas. Contestando él, dijo (versículo 51 de Juan 6): «Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo». El Señor estaba hablando en sentido simbólico. Acá no hay milagro falso de transubstanciación. Lo que expresaba el Señor es, sencillamente, que creer en Él es tener vida, paz, confianza, consuelo, descanso. Sin esa condición se transforma en todo lo contrario. El drama de la existencia humana sin conocer a Cristo, ni Sus palabras, se mantiene en oscuridad, llenando su canasta de más sinsabores. Su camino es un auténtico drama — aunque maquillado a veces de una felicidad aparente. Suspiran desazones embebidas en lágrimas y dolores. No conocen el descanso para sus almas, ya que su andar es como el transitar por aquellas rutas de montaña que conllevan un constante peligro (como, por ejemplo, las rutas de montaña en Bolivia, que dicen son altamente peligrosas —incluso de muerte—; por lo que cuya marcha debe realizarse con suma precaución y atención).

     Por el contrario, quienes han venido a Cristo y han comido de Él, ¡pues en plena satisfacción hallan éstos descanso!; ya que a través de la fe, el amor derramado sobre sus corazones aleja cualquier incertidumbre o nefasta preocupación que pudiera presentárseles. Porque el Señor Jesús ha dicho: «Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas» (Mateo 11: 29). Hermanos/as, amigos/as oyentes, ¡esto es real! ¡Esto es auténtico! Dios lo dijo y yo lo creo. ¡Se trata de plena satisfacción, porque lo experimentamos; porque lo vivimos a diario! ¡Gloria a Dios! ¡Gloria a Dios!  ¡Aleluya! ¡Gracias, Señor!      ¡Gracias, Dios nuestro!

     Amigo, amiga, no caigas ni dudes como otros muchos, quienes están viviendo —lamentablemente— esa vida de encanto ilusorio; creando una sensación de deleite y felicidad, mas engañándose a sí mismos; pues habiendo creído, les puede sobrevenir una gran prueba (o lucha), y podría ser que se aparten de Dios y su Palabra: si no están fortalecidos en Cristo y mirando a Él. Entonces, de esta manera, estos pueden convertirse en burladores que andarán en sus malvados deseos… Estos son (potencialmente) los que causan divisiones (en el cuerpo de Cristo, en sus familias, en sus amistades)... Estos son los sensuales (arrastrándose en adulterios, en fornicación, en inmundicias; lo cual puede llevarlos al suicidio: como el caso de Judas Iscariote). Estos no tienen el Espíritu. En Judas 18: 19 se nos advierte: «Como os decían: Que en el postrer tiempo habría burladores, que andarían según sus malvados deseos. Estos son los que hacen divisiones, sensuales, no teniendo el Espíritu». Y en Jeremías 8: 11, otra advertencia: «Y curaron el quebrantamiento de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz». ¡Qué tremendo!



     Tenemos la seguridad plenaria de las Escrituras, cuyas palabras sabemos que son verdaderas: porque lo estamos viviendo.

     Hermanos/as, se nos ha otorgado libertad para entrar en el Santuario, por virtud de la sangre preciosa de Jesucristo. Entonces, ahora, los que hoy en este día están aquí (en el templo, o escuchando la radio, o leyendo los mensajes), les digo: si han venido atribulados, aquejados, cargados o cansados, manténganse firmes  en la profesión de nuestra común fe, sin fluctuar… ¡que fiel es el que prometió que hallaremos descanso para nuestras almas! (veamos Hebreos 10: 19, 22-23).


“Ven a Jesús, que Él te hará descansar,
Alma que en rudo conflicto te encuentras”.

     ¡Qué palabras tan incomparables, verdaderas y llenas de encanto son estas! Estas palabras han sido traídas a este mundo cansado y gimiente. ¡Qué suavidad y que dulzura están resonando en nuestros oídos, ahora! Hermano y hermana; amigo y amiga, ¡Cristo te está invitando ahora mismo a que halles en Él esta paz! ¡Aleluya!

     Estimado amigo oyente de la radio, quiero decirte que este descanso verdadero —el cual el alma lo descubre cuando ya se halla salva, bajo la protección de Cristo—, hace fácil llevar todos los yugos y todas las cargas, proveyendo el verdadero descanso. ¡Amén!

     (Pausa)… Veo que muchos están pasando ahora, aquí, al frente, para recibir el anhelado descanso. Dios les bendiga… Dios les bendiga a todos… ¡Oh! Para Ud. también buena provisión hay, joven; y para Ud., señorita. Siéntase bienvenida. Los consejeros les darán unos folletos sobre el tema que se ha ofrecido en este púlpito… Usted también, estimado oyente de la radio, puede tomar la tan eficaz decisión. No lo piense más. Hágalo ahora mismo. Finalmente, cuando este mensaje sea escrito y subido a la página web de la radio, al final del mismo, estarán los teléfonos y correos electrónicos para poder comunicarse.

     Todos los que han pasado aquí adelante abrigan una urgente necesidad de descanso…  (¡Sí! ¡Sí!… ¡Amén!, dicen todos). Les sugiero que nos humillemos delante de Dios. Esto es muy importante, pues también acompaña a la decisión que han tomado. Hagamos una oración — que es a título de ejemplo; pues puede Ud. ampliarla o mejorarla con sus propias palabras:

     Amado Dios y Padre Celestial que estás en el cielo, acepto tu invitación de regresar a las Sendas Antiguas para hallar, por fin, descanso para mi vida; para hallar paz; para hallar gozo. Señor, me rindo ante ti; pues eres todo lo suficiente para que yo pueda tener lo que me ofreces. Perdona mis pecados. Perdona, Señor, mis dudas. Satanás quiere tener el control de mi vida. Este enemigo implacable quiere trabajar con eficacia para arruinar mi vida… ¡Mas yo no quiero entrar en su juego perverso!... con tu ayuda, Señor Jesús. Quiero saber aprovechar bien el tiempo, porque este no me pertenece; y algún día tendré que darte cuenta de ello; así como de mi fidelidad aquí en la tierra. Tu palabra me dice: «Mirad, pues, cómo andéis avisadamente; no como necios, mas como sabios; Redimiendo el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis imprudentes, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor» (Efesios 5:15-17). Fracasé, Señor. He intentado en vano ser feliz. Ahora, Dios mío, apelo a tu misericordia. Te tomo de la mano, cual un niño toma la de su padre para sentirse seguro. Dame de tu paz, Señor, de esa paz que dices en tu Palabra, la cual sobrepasa todo entendimiento (leamos Filipenses 4: 7… «Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús».), y tu descanso. Oro en el precioso nombre de nuestro gran Dios y salvador Jesucristo. Amén… amén… y amén…

     ¿Cómo se sienten? ¡Gran dicha es la del ser humano que halla la paz, esa paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento! Ahora son libres. No vuelvan atrás. No se hagan esclavos del diablo, ni se dejen turbar por él. El enemigo de nuestras almas está vencido, y no tiene poder; no tiene potestad ni ningún poder sobre los hijos e hijas de Dios, ni parte alguna. Vosotros estáis ya redimidos por medio de la Sangre preciosa de Cristo. Él los compró a gran precio: con su muerte y resurrección de entre los muertos, y para daros libertad. ¡Gozaos en Dios! ¡Amén!



Dios les bendiga a todos ustedes muy ricamente. Pastor Ricardo Iribarren.




Reflexión elaborada y escrita por el pastor Ricardo Iribarren

Biblia consultada: Reina Valera 1909 - Versículos en forma textual

(Compaginación del artículo: Miguel Angel Vreska: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)

Modificado por última vez enMiércoles, 21 Abril 2021 14:28
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